Por Noelia Lavara
La ferocidad de la competencia en Internet por ganar tráfico deja pequeña la mítica rivalidad entre Coca-Cola y Pepsi. Todo el mundo quiere captar visitantes, y eso a veces es una tarea complicada en la Red, que técnicamente es el medio más democrático que existe, es decir, todo el mundo cuenta, de entrada, con las mismas posibilidades para triunfar, y la imaginación y el boca a boca –en este caso la tecla a tecla- tienen mucho que decir.
Pues bien, ha llamado nuestra la atención la manera en que una entidad americana, la Asociación para el Marketing de Cable y Telecomunicaciones, decidió fomentar el tráfico de una parte de su web que estaba, digamos, poco transitada, por no decir prácticamente abandonada. De tal manera que convocó un concurso entre todos sus miembros (unos 5.500) cuyo premio sería una estupenda televisión de plasma; ya sabe, de las que convierte un modesto salón en toda una sala de cine.
La manera de crear expectación –pues no era otra la intención de tan original acción de marketing- fue paulatina. En primer lugar, se anunció el concurso vía mail y se fomentó el registro de concursantes. A continuación se fue comunicando la manera en que los contendientes se disputarían la preciada tele. Finalmente, llegó el gran día.
No se trataba de un simple sorteo, no. Los socios debían poner toda la carne en el asador y someter a prueba sus conocimientos sobre su sector en muy diversos asuntos. En realidad, como se hace en el famoso Trivial, debían responder en directo, a través del chat de la asociación y con tiempo limitado, cuestiones muy diversas, todas ellas relacionadas con ese área específica de la web que se consultaba menos. El moderador iba formulando las preguntas y los concursantes iban cayendo, uno a uno, a medida que fallaban.
Finalmente, como era de esperar, ganó el más preparado, el que consiguió responder correctamente a todas las preguntas que se le formularon en el tiempo establecido. Pero, paradójicamente, todos obtuvieron un beneficio. En primer lugar, las decenas de personas que se conectaron en ese momento para seguir el desarrollo del concurso y que aprendieron cientos de cosas nuevas sobre su sector – aunque a lo peor fuera sólo por el morbo de saber quién se llevaba finalmente el plasma-. En segundo término, salió reforzada la propia asociación, que consiguió involucrar a todos sus socios en un divertido proyecto común.
Y no sólo se fomentó el espíritu de asociacionismo. Hubo una tercera ventaja que destacamos: la repercusión mediática. La noticia salió publicada en algunos medios de comunicación americanos y hasta logró cruzar el charco. Note cuán exitosa fue esta acción, hasta el punto de que hoy estamos citando en España lo que un buen día nació en la cabeza de un modesto Secretario General de una asociación media americana ubicada en Virginia.